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Travesía en kayak. Un viaje a través de los sentidos.

Por Joaquín Massotti

Una travesía es un viaje a través de los sentidos, nuestro kayak… el vehículo que nos permitirá disfrutar de esta experiencia única.

En este viaje, la vista se recrea de manera singular, estas versátiles embarcaciones nos permiten transitar por lugares de difícil acceso, desconocidos, lugares muy poblados y en muchos casos sin presencia de habitantes.

Ambientes conservados, afortunadamente con escasa o nula contaminación, la naturaleza en su mayor esplendor.

Podemos disfrutar llegando por agua diferentes tipos de paisajes.

Desde llanuras hasta las montañas, espacios verdes y arbolados, como así lugares agrestes o casi desérticos.

La travesía es una suerte de sucesión de imágenes, de secuencia fotográfica en donde cada remada que realizamos nos coloca frente a un ámbito nuevo o bien tratándose de espacios conocidos, lucen diferente ante nuestros ojos en cada nueva visita que realizamos.

No solo la vista disfruta de este viaje, el oído percibe y participa de nuestro paseo.

Se deleita con el canto de los pájaros, de las aves, ante los sonidos de toda la fauna del lugar.

Con el soplo del viento entre los árboles o el sonido de las olas rompiendo a orillas del río o el mar.

Aprecia y nos pone alertas ante ese murmullo emitido por el agua escurriéndose por alguna corredera antes que nuestra propia vista.

El estruendo del trueno que anuncia la llegada de la tormenta, el estallido de un rayo.

Como contraste… la ausencia de sonidos, el silencio, créanme se disfruta en la naturaleza como en ningún otro lugar.

Respirar hondo, percibir el olor de las flores, de las plantas, ese olor característico que anticipa la llegada de la lluvia.

Mientras surgen estas palabras vienen a mí más recuerdos, innumerables imágenes, grandes y brillantes arenales, orillas de piedras filosas, de altos paredones o cantos rodados pulidos por el agua. Inestables y cambiantes barrancas carcomidas por la correntada, trocos y raíces arrastrados por el agua, altas bardas, costas barrosas o de pastos verdes.

Todo ello parte de la escena cotidiana, la búsqueda de la salida a tierra, la lucha con la corriente, desembarcamos.

Un chapuzón refrescante o higiénico. El juego.

Descanso a la sombra, al reparo del los vientos, cubrirse de la lluvia o del sol implacable del medio día, rojos atardeceres. Fotos.

Elegir cuidadosamente el lugar de acampe, descargar, armar. Secar la ropa y el equipo.

Matear, bañar alguna botella, juntar leña, encender el fuego, la picada.

Llega la noche, mil estrellas, el olor y el sabor del asado.

Degustar un vino tinto cuidadosamente transportado.

Charlas, sobremesa, rueda, fogón improvisado.

El cansancio nos vence, el fuego se apaga o más bien se lo apaga.

Descanso. Amanecer. Otro día comienza, un nuevo desafío.

Remar juntos, compartir, reír, hacer amigos, volver a casa, agradecer, recordar lo vivenciado.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Juaco , espectaculares palabras lo relatado por vos, es el reflejo de nuestras salidas, parece que lo seguimos haciendo juntos como hace unos 30 años? atras, de esa misma manera lo vivimos nosotros.

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